Juego de Tronos: Review 8×03 – The Long Night (La Larga Noche)

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Norberto Leivas

Vivo a medio camino entre dos mundos: el cine y la docencia. Devorador de películas, series y libros de todos los géneros. En ocasiones dirijo/guionizo vídeos musicales y cortometrajes. Analizo tus series favoritas. Y las que aún no lo son, también.

Sangre, muerte, lágrimas, sacrificios y mucha oscuridad —literal— protagonizan la Gran Batalla de Invernalia. Escucha nuestro podcast “Radio Invernalia”, y lee nuestra review.

Este intenso fin de semana de abril será recordado durante muchas estaciones. Y no es para menos. A las no menos violentas elecciones generales, se unió el estreno de Avengers: Endgame, con una extensa batalla final que dejó agotado hasta al espectador más prevenido. Cuando creía que ya podía retirarse a sus aposentos y curar las heridas, el gran combate le esperaba en HBO. Una hora y veinte minutos de acción non stop y poco diálogo bajo el mando del maestre Miguel Sapochnik, artífice, entre otros, del inolvidable capítulo ‘La Batalla de los Bastardos’ (6×09). Muchos criticaron la calma de los dos anteriores entregas de Juego de Tronos sin darse cuenta que esta era la estrategia de sus guionistas: cuanto más espesa y duradera resultaba la espera, más fuerza e impacto sumaría el estallido de la guerra.

 

Llegado el ansiado momento, nos sentimos identificados con Samwell Tarly y sus manos temblorosas, en una imagen similar a la de aquella obra maestra titulada Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998). Una imagen que evoluciona hacia un breve pero significativo plano secuencia en el que, a través de la mirada de Sam y posteriormente la de Tyrion Lannister, observamos cómo los habitantes de Invernalia se preparan para el asedio. Unos se resguardan en la cripta mientras los batallones ocupan sus puestos. Las manos de Sam no son las únicas que muestran movimientos incontrolables: los planos detalle de las de los guerreros sujetando sus armas con inquietud transmiten el temor compartido ante la llegada de la oscuridad. Todos mantienen la mirada fija en ella sin mediar palabra: Arya Stark, Sir Davos, los dragones, los Dothraki, los Inmaculados, Brienne de Tarth, Jaime Lannister, Podrick, Gendry, El Perro, Jorah Mormont, Daenerys Targaryen y Jon Snow. En el jardín de Invernalia, bajo el simbólico arciano, Bran Stark y Theon Greyjoy aguardan la llegada del Rey de la Noche. En la cripta, se resguardan Sansa y Tyrion. Nosotros, al igual que ellos, aguantamos la respiración. ¿Quién vivirá? ¿Quién morirá? ¿Significará el principio del fin de Poniente tal y como lo conocemos? La Batalla con mayúsculas está a punto de comenzar.

 

Del manto oscuro no surgen los Caminantes Blancos sino Melisandre, reventando las últimas teorías de que quizá ya estuviera en Invernalia bajo otra identidad. Invoca al Señor de Luz para encender las armas de los Dothraki y, posteriormente, mantiene un tenso careo con Sir Davos. “No hay necesidad de ejecutarme, Sir Davos”, dice la bruja. Y añade con seguridad: “habré muerto antes del alba”.

 

Las catapultas lanzan sus proyectiles en llamas mientras los Dothraki avanzan con Jorah. En un ingenioso plano que transmite más dolor y pesimismo que si viéramos de primera mano lo que sucede, divisamos desde la lejanía la extinción del fuego de sus espadas. Los gritos se desvanecen en la negrura paulatinamente. Jorah y los pocos supervivientes regresan con el fracaso bañando sus rostros.

 

Es el turno del segundo batallón. La lucha sangrienta es confusa. Planos cortos de apuñalamientos y cortes se amontonan unos sobre otros como cuerpos sobre el campo de batalla. Apenas podemos distinguir qué sucede. La oscuridad imperante en el encuadre dificulta nuestra percepción —motivo recurrente de queja por parte de los fans durante su visionado—. El cineasta David Fincher, férreo defensor de la escasez de luz en sus trabajos, opina que, al no recibir una imagen clara, los espectadores nos concentramos mucho más en la pantalla, en la historia, y somos menos propensos a desviar la atención fuera de ella. Otros opinan que es una treta para que los efectos digitales se noten menos. Sea como fuere, aunque aseguramos que un poco más de luz no le hubiera venido mal al episodio en su conjunto, sí es cierto que nos aproxima a lo que los personajes puedan sentir en esa contienda nocturna. Daenerys y Jon, surcando el cielo con sus dragones, también son víctimas de la oscuridad, la cual se acrecienta al formarse una peligrosa tormenta de nieve.

 

La crudeza del enfrentamiento y el avance de los no-muertos, los cuales se mueven con la velocidad de los zombis de Guerra Mundial Z, no dejan otra salida que la de retroceder hacia el interior de Invernalia, siendo los Inmaculados quienes protegen su retirada.

 

Melisandre consigue prender fuego a las trincheras, lo que supone una breve pausa, hasta que los Caminantes se lanzan sobre ellas consiguiendo apagar las llamas y continuar su ataque. El Rey de la Noche aparece montando su dragón de fuego azul, dirigiéndose hacia Invernalia sin que nadie pueda pararle.

 

Tras las murallas, en el interior del castillo, es donde los fans del género de terror encontrarán su mayor aliciente: Arya comienza peleando con garbo, pero termina huyendo ante los innumerables enemigos que la persiguen, al más puro estilo The Walking Dead. El Perro y Beric Dondarrion consiguen salvarla con duras consecuencias: Beric fallece. “El Señor lo resucitó con un propósito y ahora ese propósito está cumplido”, le dice Melisandre a Arya. Y le pregunta: “¿Qué le decimos al Dios de la Muerte?”. “Hoy no”, responde esta última, rememorando el mítico diálogo con Syrio Forel, su añorado profesor de esgrima —algunos incluso especulan sobre su posible regreso—.

 

No hay descanso en esta velada larga y carmesí. Al otro lado de las murallas siguen combatiendo. El zombi gigante y Lyanna Mormont se matan mutuamente. Jon y el Rey de la Noche caen de sus respectivos dragones. Daenerys intenta destruirle con el fuego de Dracarys, sin provocarle rasguño alguno. El Rey levanta sus brazos lentamente, haciendo que todos los muertos se pongan de nuevo en pie. Incluidos los de la cripta de los Stark, como varios de los fans intuían. Eso sí, la teoría de que el propio Ned podría ser uno de ellos, queda descartada.

 

Finalmente, en el pánico absoluto, cuando nos resignamos a asimilar el peor desenlace posible, el Rey de la Noche llega al jardín. Theon hace todo lo posible por salvaguardar a Bran, pero pierde la vida con valentía, al igual que lo hace Jorah al defender a la Madre de Dragones.

 

Cuando el líder de los Caminantes Blancos se acerca a Bran, a punto de coger la espada para terminar con su vida, Arya aparece por detrás. El villano consigue cogerla por el cuello y detener la mano que porta el cuchillo de acero valyrio. Nuestra heroína es hábil y deja caer el arma sobre su otra mano, logrando clavárselo en el abdomen. Al morir, tal y como desvelaba Jon en el episodio anterior, todos los no-muertos se desvanecen con él.

 

Con la tibia luz del amanecer, en la agridulce calma que prosigue a la batalla, Melisandre cumple con lo prometido a Davos: se despoja de su collar con la piedra roja, mostrando su cuerpo anciano y pereciendo junto a los demás caídos.

 

Tras dos episodios ricos en verborrea, el guion de David Benioff y D. B. Weiss equilibra la balanza a favor de la acción física y la tensión continua. Quién necesita diálogos cuando dispones del inspirado score de Ramin Djawadi, excelente en su tramo final, magnificando la emoción desbordada de las escenas. La excelencia técnica del realizador se une al buen hacer habitual de sus intérpretes para regalarnos una obra audiovisual a la altura de los mejores momentos de la serie. Una obra excesivamente oscura, sí, pero donde la luz se hace con la victoria. Por ahora.

 

Tienes una semana para recuperarte y prepararte para la guerra final por el Trono. Próxima parada: Desembarco del Rey. Aquí tienes el avance:

 

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