Review 8×06: The Iron Throne (El Trono de Hierro)

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Norberto Leivas

Vivo a medio camino entre dos mundos: el cine y la docencia. Devorador de películas, series y libros de todos los géneros. En ocasiones dirijo/guionizo vídeos musicales y cortometrajes. Analizo tus series favoritas. Y las que aún no lo son, también.

El ciclo se completa. Una conclusión agridulce, quizás; pero comprendemos el poder de una buena historia. Escucha nuestros comentarios sobre el final, y lee nuestra review.

¿Cómo empezar a hablar del fin? ¿Qué palabras son las adecuadas? ¿Qué frase debería ganarse el inicio del primer párrafo? Mientras tecleo este sinsentido, dando vueltas entre las respuestas como si de la esfera de Dyson virtual con la que arranca cada episodio de la serie se tratase, me doy cuenta de la dificultad a la que tuvieron que enfrentarse los showrunners David Benioff y D.B. Weiss, aquí también directores. ¿Cómo terminar una serie que parecía no albergar conclusión? ¿Cómo cerrar un ciclo de ocho temporadas que consiguió reunir a una fiel audiencia millonaria mundial semana tras semana? Tal y como adelantábamos en la review anterior, contentar a todo el mundo es imposible. Solo puedes seguir tu instinto y ser honesto con tu trabajo.

 

He formulado muchas preguntas, las cuales podrían bloquear el devenir de este escrito. ¿Cómo empezar, repito? La primera respuesta es sencilla: a la manera de Tyrion en la primera escena, caminando entre las ruinas, siempre hacia delante. Poco a poco aparecerán las demás. Al lado del pequeño gran Lannister avanzan Jon Nieve y Sir Davos, mudos ante la barbarie de Daenerys Targaryen. Una ciudad quemada hasta los cimientos, donde la ceniza sigue cayendo. El reverso tenebroso de Invernalia, que aúna una enfermiza atmósfera, mezcla de Auschwitz, Chernóbil y Nagasaki. Atónitos, observan a Gusano Gris y los Inmaculados deshacerse de los supervivientes que quedan. No hay piedad para la nueva Reina de Poniente: estás con ella o contra ella.

 

Tyrion encuentra el lugar donde descansan los cuerpos de sus hermanos. Si había alguna esperanza de que alguno de los dos sobreviviera, se ha desvanecido por completo. Rompe a llorar y la desesperación atraviesa la pantalla, exaltada con la sentida melodía de Las Lluvias de Castamere.

 

La última entrega nos dejará potentes imágenes grabadas a fuego en la retina, pero una de las más impactantes es la que lidera este análisis: la de Daenerys mostrándose ante sus tropas, con las alas de Drogon sobresaliendo a ambos lados de ella, como si surgieran de su propio cuerpo. Una instantánea que refuerza su presencia demoníaca.

 

Las gigantescas banderas, los ejércitos comandados por Gusano Gris y la macabra arenga de la Madre de Dragones, además de su uniforme rígido, refuerzan la idea visual que habitaba en los planos anteriores: el nuevo gobierno imperante en los siete reinos será un reinado fascista de terror y muerte. Un discurso contradictorio, pronunciado en su lengua materna, defiende su objetivo de liberar a los pueblos de la rueda de la tiranía, cuando es ella misma la villana de la función. Tyrion se acerca a la reina, lanza su insignia de La Mano y confirma su traición, aceptando así su letal destino. Todo parece perdido. Hasta que Jon le visita en su celda. No quiere creer que su amada haya mutado en tan vil adversaria. “Las cosas que debo hacer por amor”, pronunciaba Jaime antes de empujar a Bran Stark al vacío. Y sobre el amor versa la conversación de ambos. Nieve debe enfrentarse a lo que diferencia a los héroes, los verdaderos reyes, de los individuos comunes: una decisión definitiva. Debe elegir entre el amor y el deber.

 

Daenerys entra en la sala principal del castillo de manera similar a la visión que tuvo en el capítulo 10 de la temporada 2 y acaricia, al fin, el soñado Trono de Hierro. Jon se aproxima e intenta que entre en razón. Quiere que libere a Tyrion y a los demás habitantes de Desembarco del Rey. Ella se niega. Afirma saber lo que es bueno para todos y espera que él la acompañe en ese viaje. Cuando se besan, sabemos lo que va a suceder. La apuñala a traición con una daga. Las teorías sobre el desenlace de la Rompedora de Cadenas estaban en lo cierto, solo que la muerte seleccionada la hemos visto muchas veces anteriormente y no sorprende en un show en el que el camino más transitado se elimina del guion. El último de los dragones siente la muerte de su madre y entra en escena. El descendiente Targaryen se prepara para abandonar la vida cuando el fuego de Drogon se concentra en el Trono de Hierro. La decisión más inteligente no la toma un ser humano. El Macguffin, el verdadero origen del mal por el que hombres y mujeres se han traicionado y asesinado, se funde hasta ser una masa sin forma. Quizá, la erradicación de ese sanguinario símbolo —como cierto icónico anillo— traiga una ofrenda de paz al nuevo mundo. Drogon recoge con cuidado a su madre y se desvanece en el cielo. ¿Será lo que quede de Valyria su próxima parada?

 

Dos semanas después, los representantes de las casas más importantes de los Siete Reinos se reúnen para acordar el futuro de Poniente: los hermanos Stark, Yara Greyjoy, Gendry Baratheon, Brienne de Tarth, Sir Davos Seaworth y Samwell Tarly. Tras una visionaria democracia propuesta por Sam (rechazada con risas por los demás, como si fuera la mayor locura expuesta en voz alta) y la no menos irrisoria de Edmure Tully como futuro gobernante, deciden escuchar al personaje más sabio e inteligente: Tyrion, aún prisionero de los Inmaculados. El último Lannister, en un ejercicio de metaficción en el que parece dirigirse directamente a nosotros, habla del poder de las historias. “No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia”. Son ellas las que nos unen, como la que disfrutamos a través de la pantalla. ¿Y quién tiene la mejor historia de los allí presentes? Bran Stark, el que “aprendió a volar y se convirtió en el Cuervo de Tres Ojos”. Él es la memoria del mundo. El guardián del pasado es la mejor opción para no repetir los mismos errores una y otra vez. Él será Rey y Tyrion será su Mano.

 

Tras las últimas despedidas, un montaje en paralelo cierra la serie:

 

– Sansa Stark, aunque apoya a su hermano, declara que el Norte debe recuperar su independencia. Ella será su Reina, como un día lo fue su padre, Ned Stark.

 

– Arya decide embarcarse y surcar los mares para explorar qué hay más allá de los mapas, al oeste de Poniente. ¿Es este uno de los spin-off prometidos?

 

– Para evitar represalias violentas, Jon debe regresar a la Guardia de la Noche, donde Tormund y el Pueblo Libre le aguardan. Además, obtenemos el tan deseado encuentro con Fantasma, tras la muy criticada despedida entre ambos. ¿La habrán rodado hace poco para contentar a los fans?

 

Mención aparte merece la escena en la que Brienne escribe la historia de Jaime Lannister en el Libro de los Caballeros, o aquella en la que Sam le muestra el libro ‘Canción de Hielo y Fuego’ a Tyrion, título de la saga en la que se basa la serie y en la que echamos en falta un cameo de George R. R. Martin.

 

Cuando Jon se adentra en el bosque más allá del muro, en un camino en el que vemos un esperanzador brote verde sobre la nieve y que se emparenta con el primer plano de la serie, nos damos de bruces con los créditos finales. En el preciso instante que escribo esta conclusión, el episodio posee una puntuación de 4,5 en IMDB, siendo el peor valorado de los 73 que conforman uno de los programas más importantes de la historia. Nada tienen que ver los cafés de Star(k)bucks o las botellas de plástico.

 

Es cierto que esta temporada de 6 capítulos podría extenderse en dos temporadas de 10 cada una. Se reduciría la sensación de celeridad en el desarrollo de las tramas y los arcos narrativos podrían tener una conclusión acorde con lo visto hasta ahora. Quedan preguntas en el aire que quizá nunca tengan respuesta (o sí, dependiendo de las obras derivadas que se encuentran en desarrollo). Puede que menos batallas y más confabulaciones en la sombra representasen mucho mejor lo que implica el juego de tronos. El conflicto con Daenerys se resuelve rápido y todo se centra en elaborar un epílogo impregnado con cierto aire happy end impostado y artificioso. Pero, aun sin sorpresas y sin ser lo que esperábamos, representa un final digno (lejos de ser perfecto) para esta obra magna que cambió para siempre el mundo seriéfilo. Deja buen gusto en el paladar y se aceptará en visionados posteriores. Asúmelo, el mejor desenlace es que no hubiera tenido uno propiamente dicho. Porque lo importante no es el destino, te haya gustado o no. No, lo realmente trascendental es el viaje que nos ha traído hasta esta estación. Esta travesía, en la que nosotros hemos crecido y cambiado como los personajes con los que compartimos asiento, formará parte esencial de nuestro anecdotario personal. Y este jamás se convertirá en cenizas. “No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia”.

 

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A continuación te dejamos el vídeo promocional del documental sobre el rodaje de la octava temporada y que se estrenará en breve en HBO:

 

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